La noche.


El sol nunca cesaba de alumbrar y los indios cashinahuan no conocían la dulzura del descanso.

 Muy necesitados de la paz, exhaustos de tanta luz, pidieron prestada la noche al ratón. Se hizo oscuro, pero la noche del ratón alcanzo apenas para comer y fumar un rato frente al fuego. El amanecer llego no bien los indios se acomodaron en las hamacas. Probaron entonces la noche del tapir. Con la noche del tapir, pudieron dormir a pierna suelta y disfrutaron el largo sueño tan esperado. Pero cuando despertaron, había pasado tanto tiempo que las malezas del monte habían invadido sus cultivos y aplastado sus casas.

Después de mucho buscar, se quedaron con la noche del tatú. Se la pidieron prestada y no se la devolvieron jamás. El tatú despojado de la noche duerme durante el día.

Eduardo Galeano. Memoria del Fuego I.

JuanMa85

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~ por juanma85 en 31 mayo, 2010.

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